Reflexión sobre el África en la historiografía occidental

“Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos –África-. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.” Ryszard Kapuściński
África es un reducto olvidado de la historiografía europea. Ello se traduce en un limbo histórico que arrastra el continente africano hasta nuestros días. Así como, hace quinientos años, fuimos capaces de privarles de su libertad personal en una de las mayores desgracias de la humanidad, también nos adueñamos de su historia, transfigurando lo sucedido anteriormente en África en una nimiedad, en una insignificancia histórica. Hacemos referencia, por supuesto, a la trata de negros, instante en que Europa emprendió su interés por África, dando lugar al inicio de una relación que podemos tildar de, siendo lo más condescendientes posibles, decisiva para el continente africano.
Origen de un idilio, que, tras la captura de entre 10 y 15 millones de africanos, continuó con un proceso de colonización y de creación de fronteras donde no interesaba qué grupos sociales convivían y cuáles eran las organizaciones autóctonas, imponiéndose, por parte europea, ese término que reducía este sistema creado a una actitud humanitaria y, por supuesto, religiosa: civilización, como si supiésemos realmente que significa. La excepcional función social europea, unida imprescindiblemente a la necesaria evangelización de los “pueblos africanos primitivos”, se tradujo en un saqueamiento de los recursos naturales de África, en pos de una metrópoli europea, que, tras la independencia de las colonias americanas, se vieron huérfanas de un territorio al que expoliar para beneficio propio, llámese revolución industrial. Tras la 2ª Guerra Mundial, los vencedores estadounidenses y soviéticos se disfrazaron de salvadores de la patria africana, financiando a grupos anatagónicos –como no podía ser de otra manera- para la independencia de los países africanos, y dando lugar a un escenario bélico de la guerra fría en tierras africanas. Esta descolonización, no exenta, pues, de violencia, dio lugar a un nuevo proceso que irremediablemente conecta con la relación africano-europea durante los últimos quinientos años; el neocolonialismo. Y decimos que enlaza con un proceso histórico por el hecho de que en cada una de las etapas que hemos esbozado, existe una élite africana, que, deseosa de los placeres que ofrece Europa –ya sea comodidad, amansamiento de fortuna y/o armas (claves en el intercambio por esclavos durante la trata de negros)- ha subastado su continente, y por consiguiente a su población, a un agente externo que sigue beneficiándose de los recursos naturales que la divina naturaleza ha querido depositar en África, para agravio de los propios africanos.
Como señalábamos al principio, África es un vació historiográfico. ¿Y por qué sucede este fenómeno de olvido? Porque África, en Europa, es historiográficamente insignificante a nivel académico, ya sea escolar como universitario –exceptuando, obviamente, las escasas especializaciones en historia de África- y, significativamente en España. Resulta curioso que en nuestro país la historia de África sea un completo agujero negro, pues es el único país europeo con un marcado pasado –siete siglos- africano. Sí, Al-Ándalus. Por otro lado, interfiere la nula actividad española durante la colonización africana. Bastantes problemas teníamos ya con mantener nuestras posesiones de ultramar como para enzarzarnos en desconocidas tierras para enfrentarnos a potentes ejércitos europeos.
A raíz de lo comentado, podemos concluir que la historiografía académica occidental es sumamente incompleta, por lo cual nuestra imagen de África deriva de, tanto nuestra experiencia personal en relación al continente, como del máximo generador de opinión que existe en el primer mundo: los medios de comunicación. Creo que no es el lugar oportuno en el que describir la atención que recibe África en la radio, la televisión y los periódicos –entendiéndolo a nivel general, existen excelentes reportajes periodísticos que también merecen nuestra gratitud-. Basta con encender nuestro televisor a la hora del telediario para sacar nuestras propias conclusiones, y no sólo en cuánto a los minutos que recibe África, sino a la calidad de éstos, y a la información que se nos ofrece. ¿Qué posición ocupan en los medios conflictos actuales como los que azotan la República Centroafricana, Nigeria o el Sudán del sur?
Así pues, la imagen occidental de África sigue siendo aquella donde predominan la pobreza, el hambre y la enfermedad. Aquel continente caluroso, de gran exotismo y de salvajes animales–los documentales de la2 ayudan al respecto-. Aquel vasto territorio, cuna de la humanidad, donde conviven grupos tribales siempre enzarzados en absurdos conflictos; como si los europeos no tuviésemos ninguna incidencia en tales batallas tribales. Aquel lugar donde, en definitiva, los nativos, los propios africanos, son incapaces de gobernar, pues la corrupción y el continuo enriquecimiento de sus gobiernos así lo demuestran. Y todo bajo nuestra perspectiva. Bajo nuestra imagen de África.
“¿Qué ha pasado para que, más de medio siglo después de las independencias, África esté como está y no hayamos conseguido dignificar al africano? Creo que tenemos la obligación de reflexionar sobre estos problemas, y trasladar esas reflexiones al resto de la Humanidad para que los estereotipos que pesan sobre nosotros dejen de ser tópicos y se conozca la realidad.” Donato Ndongo-Bidyogo

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