Política en educación (I)

A cualquier educador que se le plantee el concepto “pedagogía política” o “política en educación” se pondrá las manos en la cabeza inmediatamente y de forma refleja, ya que en la facultad te enseñan que cualquier tipo de educación dirigida hacia la política es adoctrinamiento, una educación en una forma de pensamiento, la instrucción total en un dogma, en una creencia casi tan peligrosa como la religiosa que te anula el raciocinio y te convierte en un fanático más sin conciencia ni identidad individual. Personalmente, como pedagogo, siempre me he movido en esa corriente de pensamiento porque he considerado, desde que empecé en la facultad, que la educación ha de estar al margen de todo lo que sea enajenante para el ser humano (entendido éste como ente libre e individual que practica conscientemente y, en todos los ámbitos de su vida, el pensamiento crítico).

Pese a todo lo expuesto en el párrafo anterior, últimamente, y desde la aparición de nuevos grupos políticos izquierdistas que plantean unos conceptos muy esperanzadores en cuanto a regeneración democrática, me he estado planteando de nuevo el concepto “pedagogía política” y he llegado a varias conclusiones, empezando por el concepto al cual me gustaría hacerle referencia como “educación para la política” pero, primero, me gustaría poner sobre la mesa por qué con el modelo político actual la política debería estar fuera de la educación para poder llegar a la molla del asunto haciendo un viaje reflexivo y siguiendo un método más o menos científico. Empezaremos por el principio.

Desde hace años, la democracia española ha estado bajo lo que yo llamaría “paradigma del consumismo”. No es extraño que dentro de un sistema capitalista extremo en el que todo se puede comprar o vender (en algunos aeropuertos ya te hacen pagar por consumir aire ozonizado) la política sea tratada como otro producto más que las personas han de consumir sí o sí pese a sus necesidades.

Los partidos políticos se han convertido en agencias de publicidad: Éstos preparan un programa ( El producto) el cual ellos creen que es necesario para sus clientes (los que pagamos sus sueldos)es decir, los ciudadanos. Seguidamente lo presentan y, a través de teje manejes impúdicos y manipulaciones (emocionales, económicas, etc. ) que ellos llaman campaña electoral (anuncios publicitarios), nos crean la necesidad de consumir uno de los productos presentados haciéndonos creer que los escogemos por elección propia o que es lo que la mayoría quiere y que, además, si no los consumimos y queremos presentar algo diferente, estamos fuera del sistema y vamos en contra de él. Entonces, inmediatamente después, la gente va a votar (consumir) uno de los limitados programas que nos ponen sobre la mesa. Nos convertimos así en objetos pasivos que consumen la política que otros hacen para su propio beneficio, igual que Apple crea Iphones para rellenar y engordar más aun sus amplias cuentas bancarias.

Éste tipo de política es la que quiere que en educación se adoctrine en la forma de pensamiento de los partidos predominantes para así asegurarse los votos y seguir embolsándose dinero ilegítimo haciendo y deshaciendo a gusto según los intereses de 20 o 30 familias. Y no escatiman en esfuerzos: desde 1970 han cambiado la ley de educación 7 veces, y sospechosamente algunas nunca han ido en favor de mejorar la calidad educativa en se (véase la LOMCE). Cuando se empezaba a ver algún resquicio de mejora significativo, llegan los fanáticos de turno y te sueltan el “españolizar a los catalanes” o pretenden incluir la asignatura de religión como obligatoria en lugar de la de educación para la ciudadanía argumentando que esta última es adoctrinante… por favor, todo el mundo sabe que la religión libera al individuo y le libera de las cadenas de la ignorancia sumergiéndolo en el mundo de la tolerancia y el pensamiento reflexivo para así alcanzar una actitud crítica ante la vida y sus problemas. (Nótese, en esta última reflexión, la ironía).

Como vemos, esta es la razón por la que los profesionales de la educación – quiero creer que en su mayoría – no quieren la política en la educación y rechazan cualquier reforma educativa en la que eduque con contenidos para alcanzar unos objetivos totalmente promovidos por una agenda política. Entonces, ¿por qué estoy diciendo que sí es posible educar para la política? Piensen, reflexionen y debatan. En el próximo artículo les daré mis razones.

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