Albania, la pervivencia estalinista

hoxha
Enver Hoxha. Máximo dirigente de la Albania comunista

El Congo es más civilizado que Albania. Es una colonia de salvajes, un pueblo sin alfabeto, en el corazón de Europa. En todos sus pueblos se alzan casas parecidas a fortificaciones. Son el reducto de los ricos para defenderse cuando los vecinos se reúnen para agredirles. Las casas no tienen ventanas, solo pequeñas aberturas para el fusil. No es la edad media, es la edad antigua” Albert Londres, escritor y periodista francés de finales del siglo XIX y principios del siglo XX

En 1991, Albania tenía un PNB por habitante que se situaba en torno al puesto 150 mundial; en otras palabras, un país al nivel de Yemen, Costa de Marfil, Mongolia o Zambia. En cuanto a la mortalidad infantil, indicador clásico de desarrollo socioeconómico, Albania, con un 44% se mantenía a una considerable distancia de la media europea, el 11%.

En este año 1991, Albania se despide de un gobierno con el que había convivido durante cuarenta y siete años, desde la etapa final de la Segunda Guerra Mundial. De un régimen que restringía cualquier actividad económica por pequeña que sea, en el cual no se podía comerciar ni pedir limosna. Un régimen que prohibía la caza y la pesca, así como el tener posesión de un arma de fuego, hecho habitual en los albaneses antes de 1945. También, por pura coherencia, se penalizaba el uso de instrumentos de pesca. Un régimen que denegaba la existencia de coches privados, y, peor aún, de una barca personal, pues podía ser interpretado por el Estado como un intento de huida hacia el extranjero. Muy habitual en los últimos años, especialmente a la cercana Italia. Un régimen bajo el cual no se podía poseer un pollo o una cabra, excepto cuando una familia tenía el décimo hijo, acontecimiento que el Estado recompensaba con el regalo de un animal, generalmente una vaca. Toda una delicadeza. Un régimen que reprimía cualquier práctica religiosa; eran fundamentalistas ateos. Por último, un régimen que atacaba todo aquel osado con cabellos largos, barba, gafas de sol, minifalda. Cualquier moda occidental.

Hacemos referencia al régimen comunista de uno de los mayores déspotas del siglo XX, Enver Hoxha, el autoproclamado “último sostenedor del auténtico marxismo-leninismo”. No se equivocaba, como veremos.

flag_albania
Albania, conocido como el país de las águilas. El águila bicéfala hace referencia a un símbolo Gjergj Kastriot Skanderbeg, héroe nacional, del siglo XV

Albania, el país de las águilas, históricamente una de las naciones más pobres y recónditas de Europa, la percibimos desde nuestra imagen occidental como un pequeño rincón de Europa (de hecho, su extensión es similar a la de Galicia) abandonado y desamparado. Aunque, en definitiva, nos resulta un país totalmente irreconocible. Irreconocible es también su lengua, ni eslava ni griega, cuya antigüedad solo es comparable a la del euskera, así como su origen étnico incierto; los albanases, por otra parte, dicen ser descendientes directos de los ilirios, pueblo indoeuropeo procedente de los Balcanes. Dada su situación geopolítica, en la península balcánica, con acceso al mar Adriático y Jónico, y su riqueza energética y mineral (petróleo, gas natural, níquel, cromo), el territorio albanés fue ocupado por el imperio otomano durante cinco siglos, motivo por el cual grupos de albaneses se convirtieron del cristianismo al islam. Actualmente, el 58% de la población se declara musulmán, mientras que el 17% es cristiano. No solo la religión divide a la sociedad albanesa; también la contraposición norte (gegs) y sur (tosks). Mientras que el norte mantiene una estructura tradicional basada en clanes y tribus, el sud es una sociedad más progresista e influenciable por el mundo exterior. Todo ello hace de los albanases un pueblo singular en los Balcanes.

Para comprender la Albania comunista de Enver Hoxha es necesario rememorar la historia de los albaneses, donde la subyugación a fuerzas externas ha sido una constante. A los otomanos tenemos que sumar, en el siglo XX –una vez constituido el Estado albanés-, el interés de yugoslavos, griegos, italianos y, finalmente, alemanes, en ocupar las tierras albanesas. Ello explica el espíritu -¿estereotipado?- belicoso del pueblo albanés y su consciencia de pueblo constantemente amenazado, aunque tenemos que añadir un factor sustancial para comprenderlo en su totalidad. Albania, al igual que los demás pueblos balcánicos, reivindica un espacio soberano más extenso étnicamente homogéneo: la Gran Albania. Esto es, partes de Grecia, República de Macedonia, Montenegro, Serbia (el valle de Preševo) y, por supuesto, Kosovo, donde el 92% son albaneses.

300px-Ethnic_albania
Mapa de la Gran Albania, reclamo del nacionalismo albanés. Bajo la ocupación italiana de Mussolini, entre 1939 y 1943, fue la única vez en la que se logró unificar estos territorios
1413359550501
Stefan Mitrovic, jugador serbio, alcanzando una bandera de la Gran Albania en un partido disputado en Belgrado entre Serbia y Albania

En 1944, los partisanos comunistas liderados por Hoxha tomarían el control de Tirana, capital de Albania; un país, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, eminentemente rural y analfabeto. Nacería un Estado comunista que, debido a su historia sumisa y a su realidad mísera, protagonizaría un peculiar sistema de alianzas y una evolución política hacia el hermetismo que merece un análisis.

Yugoslavia, situada al norte de Albania, también había vencido a las fuerzas externas gracias a los partisanos comunistas yugoslavos dirigidos por Josip Broz Tito. La decisiva ayuda que éstos ofrecieron a sus camaradas albaneses sirvió de pretexto para que la recién creada República Popular de Albania se constituyera como un país satélite de Yugoslavia. Ambos países compartían un sistema monetario y una unión aduanera; incluso, se empezó a estudiar serbo-croata en las escuelas albanesas. Rápidamente, dentro del recién organizado Partido del Trabajo de Albania surgieron las primeras diferencias entorno a las pretensiones reales del vecino norteño. Altos cargos del partido veían con buenos ojos la progresiva influencia yugoslava, llegando a contemplar la anexión a ésta como una séptima república, objetivo que Tito estimulaba. Por otra parte, el otro bando, liderado por Enver Hoxha, era contrario a esta posible unión, recalcando que el propósito de Yugoslavia con Albania era el de su aprovechamiento económico.

El liderazgo de Hoxha era discutido ante el despliegue político de la facción pro-yugoslava, pero en 1948 tuvo lugar un acontecimiento que significaría su salvación: Yugoslavia fue expulsada de la Kominform dadas las desavenencias entre Stalin y Tito, el cual quería formar una Federación Balcánica independiente a la que el líder soviético se oponía. Enver Hoxha se halló con el suficiente apoyo político, en este caso soviético, para anular los acuerdos económicos bilaterales con Belgrado y poner en marcha una campaña anti-yugoslava con la finalidad de transformar a Iósif Stalin en un héroe nacional albanés, a Hoxha en un guerrero contra la agresión extranjera y a Tito en un monstruo imperialista.

Enver Hoxha se presenta ante las imágenes del doble de sí mismo y Stalin. Para no ser devorados por la Yugoslavia de Tito, Albania siguió el camino soviético-estalinista.
Enver Hoxha se presenta ante las imágenes del doble de sí mismo y Stalin. Para no ser devorados por la Yugoslavia de Tito, Albania siguió el camino soviético-estalinista.

Pero en marzo de 1953 la coyuntura volvería a dar un giro tras la muerte de Stalin, a los 73 años de edad, al perder Enver Hoxha a su emblema político. El sucesor soviético, Nikita Kruschev, no calmaría la ansiedad del líder albanés. En primer lugar, porque Kruschev creyó oportuno reconducir las relaciones entre Moscú y Belgrado. En segundo lugar, porque el nuevo líder soviético, en su intento por acabar con todo resquicio posible de estalinismo, insistió en los “diferentes caminos hacia el socialismo”, así como en la “política de coexistencia pacífica”, a la vez que acusaba a Stalin de una “crueldad arbitraria”. Para Hoxha, todo ello significaba una amenaza para la seguridad de su Estado, por lo que el deterioro del vínculo entre Tirana y Moscú fue agravándose, pese a los esfuerzos de Kruschev de mantener a su –aún- aliado. Si Yugoslavia y la URSS no podían ser socios de Albania, ¿qué país podía serlo? Evidentemente, debería de tratarse de un país marcadamente estalinista. Lo encontrarían en el extremo oriente.

Tras la muerte de Stalin, la crisis entre la URSS y la China comunista de Mao Zédong se hizo patente. Mao, adepto de Stalin pese a su diferente interpretación del marxismo, no podía tolerar la desestalinización y el revisionismo marxista que se estaba produciendo en la URSS; Kruschev, por su parte, criticó la eficacia del Gran Salto Adelante chino. En 1960, cuando este enfrentamiento se hizo manifiestamente público, Enver Hoxha vio el momento oportuno de cambiar nuevamente de aliado apoyando al régimen de Pekín, lo que significó la cancelación de cualquier acuerdo por parte de Moscú. Para China, Albania era su única voz en la Europa oriental y, de mayor importancia aúnn, en la ONU, por lo que le interesaba establecer esta coalición.

Si siendo un Estado europeo tu aliado más próximo, y en definitiva único, se encuentra a una distancia de más de 7.000 kilómetros, suponemos que te conviertes en el país de Europa más insólito y excepcional.
Si siendo un Estado europeo tu aliado más próximo, y en definitiva único, se encuentra a una distancia de más de 7.000 kilómetros, suponemos que te conviertes en el país de Europa más insólito y excepcional.

Pese al inicial entusiasmo albanés tras su acuerdo con una potencia mundial estalinista, los créditos de China ascendieron sólo a una quinta parte de los créditos soviéticos anteriores, por lo que el impacto causado por la ruptura con Moscú en las finanzas de Albania fue severo, lo que obligó al gobierno a adoptar una política de estricta austeridad. Cosas de la Historia, la barrera del idioma obligó a los técnicos chinos y albaneses a comunicarse en ruso, en el idioma del país del que se habían disociado. Finalmente, en 1970 las relaciones sino-albanesas se estancaron, y vieron su fin en 1978 tras una década de distanciamiento. Esta vez el motivo último fue el progresivo acercamiento entre China y EEUU, promovido por Mao como contrapeso útil ante la amenaza soviética. Enver Hoxha no podía consentir esta apertura hacia un país imperalista. Así pues, a partir de 1978, la República Popular de Albania se convertiría en un Estado aislado internacionalmente, pese a los intentos fracasados de expandir sus lazos diplomáticos con otras naciones de la Europa Occidental y con países no alineados del Tercer Mundo.

Imposible mencionar un caso de reclusión político y, por consiguiente, de máxima autosuficiencia, como el que implantó Albania en la década de los 80 parecido en Europa. Solo se nos ocurre uno comparable en el mundo: en la Corea del Norte presente. Entre 1978 y 1991, año en que tienen lugar las primeras elecciones multipartidistas de la historia de Albania, la situación social y económica es la que hemos intentado mostrar en los dos primeros párrafos del artículo: de rezagamiento y escasez. Enver Hoxha, que murió en 1985 –siendo su sustituto Ramiz Alia entre 1985 y 1991-, fue víctima de su preocupación por la soberanía nacional, siendo el hecho de querer mantener su autoridad el factor clave para determinar la política exterior de Albania. La ansiedad, inquietud y recelo del líder albanés, pues, está auto-justificada por la amenaza potencial de sus vecinos depredadores; Albania, se convirtió, así, en el estandarte estalinista que recelaba de los imperialista del Oeste y de los revisionistas del Este. Como decíamos anteriormente, él es heredero de una historia sumisa y una realidad mísera.

Miles de manifestantes derriban en Tirana la estatua de bronce de Enver Hoxha en la plaza Skanderberg en 1991
Miles de manifestantes derriban en Tirana la estatua de bronce de Enver Hoxha en la plaza Skanderberg en 1991

Finalizaremos con la imagen icónica que explica el aislamiento internacional de la Albania comunista a partir de 1978: los bunkers. Entre 1973 y 1982, Enver Hoxha ordenó la construcción de unas 600.000 aproximadamente de estas pequeñas construcciones con el objetivo de proteger a la población civil ante los posibles ataques extranjeros. La paranoia hecha arquitectura. El legado de una época hermética. La pervivencia estalinista.

Recomendamos la página web (https://worksthatwork.com/es/3/de-bunkers-a-empresas) para ver más ejemplares de estas magníficas obras
Recomendamos la página web (https://worksthatwork.com/es/3/de-bunkers-a-empresas) para ver más ejemplares de estas magníficas obras

Nunca nos cogerán dormido, nunca nos faltará vigilancia, que todo el mundo entienda claramente que las paredes de nuestra fortaleza son de roca de granito inquebrantable” Enver Hoxha

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s