Política

El fútbol nos quita medallas olímpicas

Inauguracio Cerimonies JJOO 1992 Nit

Barcelona, 7 de octubre de 1986: Barcelona es proclamada nueva ciudad olímpica para los próximos juegos. Era el inicio de un periodo dorado para el deporte español, algo que nunca más se volvería a repetir.

La proclamación de una ciudad española como sede olímpica era la oportunidad que estaba esperando un país que necesitaba un gran empujón para ponerse en el mapa (aunque sólo consiguieran poner Barcelona en él) después de años de ranciedad franquista y, siendo así, no escatimaron en recursos para hacer un buen papel durante el mes que durarían los juegos olímpicos de 1992; lástima que no tuviera mucha continuidad este furor por deportes en los que no se pega patadas a balones.

Durante los 4 años de preparación para los juegos (se empezaron a preparar deportistas en serio a partir del 88 y únicamente con el 92 en mente, nunca pensaron en que hasta día de hoy habrían 5 JJOO más), se desarrolló el llamado programa ADO (o Plan ADO) llevado a cabo por la Asociación Deportes Olímpicos, institución española sin ánimo de lucro de la que ahora no hay muchas noticias y en la que no se invierte demasiado dinero. Es triste que no se emplee dinero en personas que para conseguir un cuarto puesto olímpico han de estar 48 meses entrenando 6 días a la semana y trabajando por las tardes en trabajos bastante desagradecidos con los que apenas si se pagan la comida y el alquiler; personas que para ganar un mundial no les basta con hacer 4 rondos por la mañana y un partidito por la tarde. Personas que se lesionan de la rodilla o de la espalda entrenando por la mañana pero han de ir a trabajar por la tarde porque sino no llegan a final de mes y que, incluso alguno, para representar a su país en un mundial, ha de costearse el alojamiento y el desplazamiento hacia el país donde éste se celebre. Algo vergonzoso.

Para que veáis de lo que estamos hablando y para que contextualicéis un poco este artículo, las becas ADO se recortaron un 30% en 2012, algo que pone en peligro entrenadores y deportistas y que provoca que un campeón olímpico, un medallista de oro, una persona que está en la élite de su disciplina y sea un referente mundial, por ejemplo, de medio fondo (una disciplina durísima) o de natación en cualquiera de sus especialidades, como máximo cobró 60.000€ con esta beca. Sí, 60.000€. Algunos dirán “oh, cuánto dinero, ojalá me pagaran eso a mí”. Messi cobra anualmente 20.000.000€. Cualquier jugador de la 2ª división española puede estar cobrando 100.000€ anuales y no veo a nadie quejándose ni echándose las manos a la cabeza pero, luego, cuando llegan los mundiales, los europeos o los JJOO todos presionamos a todos estos atletas amteurs o semi-profesionales (atletismo, gimnasia, piragüismo, waterpolo, balonmano, volleyball, etc.) para que ganen el oro y, si no lo hacen, los maldecimos y nos cagamos en sus ancestros. O aun peor: los medios dan una cobertura brutal durante los JJOO o mundiales, la gente paga para ir a verlos en las finales o en las clasificatorias y los pabellones se llenan durante un mes; si ganan, todo son elogios y noticias sobre NUESTROS campeones; que buena es Mireia Belmonte, cómo rema el señor Maider… pero a las dos semanas vuelven a ser desconocidos, vuelven a jugar en pabellones vacíos, y apenas si se les da cobertura en los medios… porque claro, un partido de fútbol de 1ª o 2ª división es más importante que un mitin clasificatorio para unos mundiales de atletismo o un campeonato nacional.

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Volvemos a la cobertura económica de los deportistas de élite no futbolistas. Como he dicho antes, en 2012 el máximo que podía cobrar un atleta eran 60.000€ gracias a las becas del plan ADO (patrocinadores aparte), que, para quién no lo sepa, está financiado en gran medida o casi en su totalidad por dinero privado y el cual sólo se utiliza para becar (y atentos al dato risible de la semana) a menos de200 atletas que, además, para “disfrutar” de este dinero, han de estar en el top de los tops. Mientras tanto, Arbeloa cobra 2,8 millones netos. Pero, después de haber leído unas 715 palabras hasta aquí, seguro que aun se están preguntando, ¿pero por qué ese título? ¿Por qué este tipo sostiene la hipótesis de que el futbol quita medallas olímpicas? Pues después de la contextualización, aquí viene el análisis.

Como he dicho antes, la inversión en atletas no futbolistas es ínfima. Algunos dirán “es que no se saben vender”, “es que esos deportes no son atractivos”, “es que el judo aburre porque no lo entiendo”, “ver a un tipo correr 10.000m es aburrido, no tiene emoción”. Y a esto me pregunto, ¿cuántos ven futbol sin ni siquiera saberse el reglamento?¿cuántos se chupan todos los programas de tertulias deportivas (que ahora los cogeré por banda) sin tener ni idea de cómo se juega al fútbol? La culpa no es de los atletas per se, la culpa, como casi siempre, es de los medios de comunicación de masas, y esto no se puede negar, y quien lo niegue, que me de tres argumentos de peso porque yo no los encuentro.

La influencia de la televisión en la cultura es abrumadora, y lo que no sale por la tele no existe, no importa o no nos consta (como a la infanta). ¿Cuántos programas en la televisión se hacen llamar programas deportivos sin serlo? Sin ir más lejos, “Deportes Cuatro” es considerado un programa deportivo cuando en realidad deberían cambiar el nombre por “felaciones a CR7 en Cuatro”, “Real Madrid, C.F Cuatro” o “mira el nuevo peinado de CR7 y los nuevos cordones de Marcelo lo guays que son Cuatro”; programas de una hora donde dedican apenas 5 minutos a otros deportes u otros deportistas, y lo que es más triste, sólo dedican 5 minutos si han hecho un récord del mundo o si han ganado algo importante como un mundial o un europeo pero, si Piqué juega con el móvil en el banquillo, al menos la mitad del programa va a ir sobre él y sobre su rendimiento.

Alguno dirá “la cobertura deportiva en la televisión española es brutal, hay programas diarios, noticias en los telenoticias sobre deporte y tertulias extensas que duran horas”. Aquí van algunos nombres de estos programas deportivos: “Punto Pelota”, “Tiki-Taka”, “Hat-Trick Barça”, “Hat-Trick Español”, “Gol a Gol”, “El chiringuito de jugones”; como podéis comprobar todos hacen referencia a conceptos futbolísticos, luego la afirmación de la primera oración de este párrafo es errónea. La cobertura del futbol es brutal: partidos de primera división los fines de semana cada semana, la Champions, la UEFA, la Copa del Rey, partidos de segunda e incluso de tercera división, partidos de costillada de Amigos de Messi vs Amigos de Cristiano, amistosos, trofeos Carranza, trofeos Gámper, partidos de veteranos, etc. y lo que es aun más lamentable, cobertura periodística post-partido extremadamente extensa incluso habiéndose jugado un partido amistoso contra un equipo de amateurs tailandeses. Además, no sólo son los programas en sí, sino que los anuncios sobre un partido de octavos de final de la Copa del Rey se pasan por televisión durante dos semanas. ¿Cuántos programas hay que cubran los eventos deportivos no futbolísticos o anuncien partidos relevantes de finales de otros disciplinas deportivas? Los podemos contar con los dedos de una mano y nos sobrarían.

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Debido a esta sobre-cobertura de eventos futbolísticos, el imaginario social se ve realmente afectado. Estos programas “deportivos” donde se exalta las figuras deportivas de los deportistas nos envían un claro mensaje: los mejores deportistas del mundo son futbolistas, el mejor deporte del mundo es el fútbol, el fútbol es lo mejor, si juego a fútbol tendré éxito en la vida, los valores del fútbol son increíbles, etc. ¿Cuántos niños que no practican el fútbol saben quién es CR7 o Dani Alves pero no tienen ni idea de cómo se llama el campeón nacional de su propio deporte? Yo me los he encontrado a puñados; niños que hacen cross, que son saltadores o que juegan a hockey que no tienen ningún referente de su deporte porque nadie se los muestra y, aunque no nos lo creamos, eso afecta mucho en su juicio de valor a la hora de empezar a practicar un deporte o darle continuidad al que ya están practicando y que, bajo mi opinión, es uno de los problemas base a la hora de encontrar un número suficiente de niños/adolescentes para poder crear una diversidad deportiva suficientemente competitiva a nivel nacional en más de una disciplina y que tenga una proyección a 5, 6 o 10 años vista. Nos estamos encontrando en una situación en que clubes de futbol de pueblo tienen escuelas deportivas con 6 equipos por categoría en los que más de la mitad son muy limitados para jugar pero que tienen otras cualidades como para destacar en otras especialidades y no son capaces de dar el paso. Y la culpa no es de ellos mismos, la culpa es de la sociedad en general y su cultura deportiva, en la que el futbol está tan interiorizado que somos incapaces de ver que hay algo más allá de los clubes de futbol.

Encontramos, pues, la primera y principal causa por la que el futbol nos quita medallas olímpicas: la cobertura mediática del futbol es tan elevada en comparación con la cobertura de los deportes reyes de los JJOO (atletismo, natación y gimnasia) que afecta directamente al imaginario social y, por extensión, a su cultura deportiva, provocando así que las escuelas de futbol estén sobresaturadas de niños que destacarían mucho más en uno de esos otros tres campos deportivos. Si la cobertura mediática de acontecimientos deportivos fuera más variada y no sólo se exaltaran las figuras de los futbolistas, (ahora, por suerte, vemos como Mireia Belmonte o Kilian Jornet tienen más minutos en televisión, pero sólo porque se lo han currado mucho y son los mejores de los mejores en sus respectivas especialidades) se haría un favor enorme al colectivo deportivo nacional para poder planificar con 10 años vista las próximas competiciones y pudiendo así desarrollar programas y planes de acción específicos, coordinados por las respectivas federaciones, que incrementarían los resultados positivos en más disciplinas deportivas ya que, tanto niños como adolescentes, podrían verse reflejados en otros profesionales del deporte, lo que provocaría que éstos tuvieran un mayor interés en practicar algo que no fuera futbol. Además, los problemas económicos que tienen varias federaciones responsables de deportes minoritarios (que haya tantos deportes minoritarios es el primer síntoma de que haya una gran falta de medallas olímpicas españolas) se solucionarían o, al menos, se suavizarían.

Que los medios apuesten por cubrir más especialidades deportivas, resultaría en una mayor inversión empresarial, más sponsors, etc. e incluso una oportunidad de desarrollo y de impulso empresarial para todos esos negocios que hacen material deportivo para deportes no demasiado “famosos”. Esto, además, ayudaría en gran medida a profesionalizar todos aquellos deportes que hoy por hoy no lo son y que, como resultado, provoca que los atletas lo acaben dejando por incompatibilidad salarial o laboral, produciendo así que deportistas con mucha proyección, a causa de la falta de medios económicos, acaben dejando el deporte antes de tiempo, repercutiendo así en los pésimos resultados españoles en todos los JJOO celebrados hasta el día de hoy.

kiliannat

Política en educación (y II)

Seguramente después de leer la primera parte de política y educación se hayan quedado con las ganas de saber cómo termina, así que aquí os presento la parte final de la reflexión que comenzamos hace unas semanas.
Retomando la pregunta que planteé al final, y después de toda la reflexión de por qué los profesionales de la educación no quieren la política en la educación, finalizaré mi escrito explicando por qué sí creo que es necesario educar para la política.
Como ya dije, están apareciendo partidos políticos que pretenden regenerar la democracia devolviéndole el poder a la ciudadanía en sus elecciones para con la comunidad estatal, regional o municipal, es decir, que quieren cambiar el paradigma político español pasando de un (como ya dije) paradigma del consumismo a un paradigma del autoconsumo político.
¿A qué me refiero con autoconsumo político? Pues me refiero a un paradigma político en el que la comunidad produzca política para su consumo global, es decir, que cada persona, ACTIVAMENTE, participe en todo el entramado político para así poder crear medidas y soluciones según la demanda real de una comunidad. Alguno me podrá decir: “pero es que autoconsumo hace referencia al consumo autónomo individual”, y no se equivocaría, pero tenemos que entender a la comunidad como un solo ente formado de individualidades que conforman las necesidades de un conjunto; las necesidades de cada uno, al final, se convierten en las necesidades de todos porque en mayor o menor medida mi problema será igual o parecido a otro problema que tenga mi vecino y, por lo tanto, la solución política seguramente sea la misma.
Ha aparecido de nuevo una palabra recurrente que personalmente me encanta: ACTIVAMENTE. Es por esta palabra que hay que educar para la política. Debemos educar a las personas para que sean activas en absolutamente todos los aspectos de la vida y, si queremos regenerar la política haciendo que las personas sean partícipes activas de ella, debemos educar para que sepan serlo. Debemos des-aprender todo lo que sabemos sobre política y empezar a aprender de nuevo lo que significa ésta. Los educadores tenemos la obligación de enseñar a pensar a las personas, y no sólo en el colegio y a los niños, sino en cualquier lugar y a cualquier edad porque no sólo los infantes han de aprender a pensar, a reflexionar y a ser críticos; ellos no son los únicos que tienen deficiencias en ese aspecto o una habilidad menor o menos desarrollada (hay niños que son más capaces de tener un pensamiento crítico hacia cualquier aspecto de la vida que cualquier adulto) hay adultos que por culpa de su despreocupación y su vicio en la delegación de las decisiones que le conciernen directamente, son menos efectivos a la hora de enfrentarse a un problema con creatividad y/o críticamente que cualquier niño.
Con todo esto, quiero decir y reivindicar que la política (no la política que hoy en día conocemos, sino la que pretendemos) ha de estar en educación, porque para hacer política debemos pensar, debemos tener pensamiento crítico, y la tarea de un educador es precisamente esa, la de enseñar a pensar y pensar junto a sus educandos (sean de la edad que sean). Los pedagogos y profesores tenemos la obligación de crear espacios para desarrollar la capacidad de reflexión y favorecer la actividad creativa porque sólo así se conseguirá crear a personas con capacidad para resolver conflictos y mantener posiciones críticas y empáticas hacia las cuestiones políticas, que no son más que la gestión del día a día de los intereses y necesidades públicas de una comunidad concreta.

Política en educación (I)

A cualquier educador que se le plantee el concepto “pedagogía política” o “política en educación” se pondrá las manos en la cabeza inmediatamente y de forma refleja, ya que en la facultad te enseñan que cualquier tipo de educación dirigida hacia la política es adoctrinamiento, una educación en una forma de pensamiento, la instrucción total en un dogma, en una creencia casi tan peligrosa como la religiosa que te anula el raciocinio y te convierte en un fanático más sin conciencia ni identidad individual. Personalmente, como pedagogo, siempre me he movido en esa corriente de pensamiento porque he considerado, desde que empecé en la facultad, que la educación ha de estar al margen de todo lo que sea enajenante para el ser humano (entendido éste como ente libre e individual que practica conscientemente y, en todos los ámbitos de su vida, el pensamiento crítico).

Pese a todo lo expuesto en el párrafo anterior, últimamente, y desde la aparición de nuevos grupos políticos izquierdistas que plantean unos conceptos muy esperanzadores en cuanto a regeneración democrática, me he estado planteando de nuevo el concepto “pedagogía política” y he llegado a varias conclusiones, empezando por el concepto al cual me gustaría hacerle referencia como “educación para la política” pero, primero, me gustaría poner sobre la mesa por qué con el modelo político actual la política debería estar fuera de la educación para poder llegar a la molla del asunto haciendo un viaje reflexivo y siguiendo un método más o menos científico. Empezaremos por el principio.

Desde hace años, la democracia española ha estado bajo lo que yo llamaría “paradigma del consumismo”. No es extraño que dentro de un sistema capitalista extremo en el que todo se puede comprar o vender (en algunos aeropuertos ya te hacen pagar por consumir aire ozonizado) la política sea tratada como otro producto más que las personas han de consumir sí o sí pese a sus necesidades.

Los partidos políticos se han convertido en agencias de publicidad: Éstos preparan un programa ( El producto) el cual ellos creen que es necesario para sus clientes (los que pagamos sus sueldos)es decir, los ciudadanos. Seguidamente lo presentan y, a través de teje manejes impúdicos y manipulaciones (emocionales, económicas, etc. ) que ellos llaman campaña electoral (anuncios publicitarios), nos crean la necesidad de consumir uno de los productos presentados haciéndonos creer que los escogemos por elección propia o que es lo que la mayoría quiere y que, además, si no los consumimos y queremos presentar algo diferente, estamos fuera del sistema y vamos en contra de él. Entonces, inmediatamente después, la gente va a votar (consumir) uno de los limitados programas que nos ponen sobre la mesa. Nos convertimos así en objetos pasivos que consumen la política que otros hacen para su propio beneficio, igual que Apple crea Iphones para rellenar y engordar más aun sus amplias cuentas bancarias.

Éste tipo de política es la que quiere que en educación se adoctrine en la forma de pensamiento de los partidos predominantes para así asegurarse los votos y seguir embolsándose dinero ilegítimo haciendo y deshaciendo a gusto según los intereses de 20 o 30 familias. Y no escatiman en esfuerzos: desde 1970 han cambiado la ley de educación 7 veces, y sospechosamente algunas nunca han ido en favor de mejorar la calidad educativa en se (véase la LOMCE). Cuando se empezaba a ver algún resquicio de mejora significativo, llegan los fanáticos de turno y te sueltan el “españolizar a los catalanes” o pretenden incluir la asignatura de religión como obligatoria en lugar de la de educación para la ciudadanía argumentando que esta última es adoctrinante… por favor, todo el mundo sabe que la religión libera al individuo y le libera de las cadenas de la ignorancia sumergiéndolo en el mundo de la tolerancia y el pensamiento reflexivo para así alcanzar una actitud crítica ante la vida y sus problemas. (Nótese, en esta última reflexión, la ironía).

Como vemos, esta es la razón por la que los profesionales de la educación – quiero creer que en su mayoría – no quieren la política en la educación y rechazan cualquier reforma educativa en la que eduque con contenidos para alcanzar unos objetivos totalmente promovidos por una agenda política. Entonces, ¿por qué estoy diciendo que sí es posible educar para la política? Piensen, reflexionen y debatan. En el próximo artículo les daré mis razones.