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Cáucaso septentrional: incertidumbre chechena

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Ingushetia, Cáucaso septentrional, Federación rusa

La leyenda cuenta que cuando Dios creó el mundo espolvoreando las naciones por el globo, torpemente se le cayó el salero sobre lo que los antiguos viajeros denominaban la “montaña de las lenguas

Frontera natural entre Europa y Asia, el Cáucaso septentrional es una región que, pese a su limitada exposición mediática, se presenta como una de las más fascinantes y estimulantes desde un punto de vista étnico-cultural. Perteneciente políticamente a la Federación rusa, el Cáucaso septentrional se asienta en la parte norte de la cadena montañosa que denominamos Cáucaso y que separa los dos grandes mares euroasiáticos: el Mar Negro y el Mar Caspio.

Con una extensión similar a la España septentrional, concentra dentro de sus límites alrededor de 40 etnias, número difícil de establecer con exactitud por las múltiples ramificaciones en las que se dividen internamente los grupos históricos que han permanecido en el norte del Cáucaso. Debido a su estratégica posición geográfica, esta región ha advertido a lo largo de la Historia la presencia de decenas de etnias de distinta procedencia; el resultado es  la formación de una amalgama étnica en la cual encontramos pueblos de origen, eslavo, túrquico, mongol, iranio, griego e indígena caucasiano. Ello, sumado a la tosca y abrupta orografía caucásica, conforma un escenario en el que aldeas próximas geográficamente son étnica y culturalmente distintas.

Dividido actualmente en siete repúblicas autónomas rusas -Chechenia, Osetia del Norte, Ingushetia, Kabardino-Balkaria, Karacháevo-Cherkesia, Adiguesia y Daguestán- el Cáucaso septentrional ha sido para los rusos, desde su conquista imperial iniciada el siglo XVI, una región de difícil estatus y mantenimiento. La complejidad étnica de la región ha supuesto una rémora para Moscú; a ello se añade un factor determinante en la consciencia nacional de los pueblos caucasianos: la religión. Exceptuando al pueblo osetio, los pueblos caucasianos son mayoritariamente musulmanes.

La historia del Cáucaso septentrional, una vez formó parte del Imperio ruso y durante el periplo soviético, es una suma de sumisión exterior, guerras de liberación continuas, deportaciones –durante la época de Stalin, por la supuesta colaboración de los pueblos caucasianos con los nazis- y negación cultural, así como de religión; en este caso, por el ateísmo impuesto desde la burocracia soviética. Con el derrumbamiento de la URSS asistimos al hecho que sumirá a una de las repúblicas caucasianas a una de las guerras más cruentas que se recuerdan en la Europa reciente: la independencia de la Chechenia. Dos guerras después –la primera de 1994 a 1996 y la segunda de 1999 a 2009- Chechenia es un símbolo de violencia y terrorismo islámico.

Sobre la guerra en Chechenia existen más incertidumbres que certezas. Señalemos que la guerra en Chechenia ha sido una de las mayores atrocidades en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial, con miles de bajas militares y civiles. La destrucción material de Chechenia es consecuencia de los innumerables bombardeos  rusos, más persistentes que aquellos bombardeos serbios que recordamos en Sarajevo. ¿Por qué Rusia emprendió una guerra contra una pequeña república caucasiana con tal cantidad de armamento y capacidad militar? Posiblemente la respuesta varíe entre una reafirmación nacional tras la caída soviética, el miedo al Islam y, por supuesto, la situación geográfica de Chechenia, clave en la ruta del petróleo, así como las refinerías petrolíferas chechenas. Pero existen más cuestiones difíciles de resolver.

¿Por qué Rusia esperó tres años, concretamente a 1994, para declarar su posición oficial bélica respecto a la autoproclamada en 1991 República de Chechenia-Ichkeria? Una vez finalizada la Primera Guerra Chechena y tras la “victoria” chechena, ¿financiaron los servicios secretos rusos (FSB) secuestros en Chechenia para debilitar la opinión internacional de la república caucásica?, ¿Cómo en un territorio de tradición sufista, grupos wahabitas arribados de Arabia Saudí lograron imponerse en toda la sociedad chechena, dibujando un período de entreguerras (1996-1999) totalmente ingobernable para el electo gobierno checheno de Aslán Masjádov? En este sentido, ¿interesaba desde Moscú crear una imagen de Chechenia donde prevaleciera el terrorismo islámico para justificar su guerra? ¿O simplemente Chechenia era incapaz de autogobernarse por su complejidad tribal y la incursión del wahabismo desde el mundo árabe?

Entrando en la Segunda Guerra Chechena ¿fueron los citados grupos wahabitas, encabezados por el señor de la guerra Shamil Basáyev, los responsables del inicio de esta segunda guerra en 1999 en su intento de invadir la vecina –y también musulmana- Daguestán? ¿O por el contrario fue el FSB el responsable de financiar esta invasión y así lograr la primera coartada para reanudar la guerra en Chechenia? Continuando con la segunda coartada ¿quién fue el responsable de las explosiones en diferentes ciudades rusas en 1999? Desde Moscú –recordemos, con Vladímir Putin como primer ministro desde agosto de 1999- se apuntó rápidamente a los rebeldes chechenos como los autores materiales de dichas explosiones donde fallecieron 293 personas, pero existen pruebas que apuntan a una autoría del propio FSB.

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Miles de musulmanes acuden a una mezquita en Grozni, capital de Chechenia

Por último, ¿por qué Occidente eludió una guerra donde se cometieron crímenes de guerra y eximió de culpa a cualquier responsable, como sí se hiciese en la antigua Yugoslavia?

Lamentable, son cuestiones de compleja resolución, en un país, la Federación rusa, donde la verdad se esconde, a veces, muy lejos de la realidad.

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