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Yihad: definición y desarrollo histórico (II)

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Universidad de al-Azhar, el Cairo, Egipto

Explicábamos, en la conclusión del primer artículo, que la línea histórica que se inició con la doctrina literal de Ibn Hanbal, continuaba con la radicalización progresiva de IbnTaymiyya, y que culminó con el wahabismo y la creación de Arabia Saudí en 1932, es el embrión, el cimiento, de la ideología que actualmente recoge el fundamentalismo islámico, el cual, recordemos, en su vertiente más extrema da lugar a los grupos que denominamos yihadistas. Añadíamos, no obstante, que este itinerario histórico no explica por sí mismo el fenómeno yihadista.
Así pues, para llegar a comprender la doctrina islámica que conduce al yihadismo debemos incorporar, a lo mencionado anteriormente, las teorías político-religiosas que se desarrollaron durante el transcurso del siglo XX en diferentes puntos de la umma, la comunidad de creyentes del Islam.
Sayyid Qutb nació en Asiut (Egipto) en 1906. Dos décadas después, afloraba en la ciudad de Ismailía la asociación de Los Hermanos Musulmanes. Influenciados por el wahabismo de sus vecinos sauditas, proponían el regreso a las fuentes básicas del Islam, así como la construcción de un Estado islamista donde religión y política se hallasen mutuamente vinculadas. Formaron, pues, parte de la fracción islámica dentro de un país de difícil coyuntura política y económica, dividido entre islámicos y laicos tras su independencia del Reino Unido en 1936. Hasta 1951, Qutb no formó parte de Los Hermanos Musulmanes; antes, como maestro y periodista, alardeaba de su actitud liberal. Fue, tras un viaje a Estados Unidos, enviado por el propio gobierno egipcio para realizar estudios de educación, cuando su pensamiento se transformó, posicionándose en la vertiente más radical del islamismo.
El razonamiento de Qutb es de vital importancia para comprender a muchos de los grupos islamistas actuales. Preconizaba que el islamismo debía de ser extensible a todo el mundo, pues era el único sistema válido para la humanidad. En este sentido, recupera el término de jahiliyya, que hace referencia al estado de ignorancia preislámica universal. Es necesario, pues, derrumbar la jahiliyya con el fin de instaurar el Estado islámico.
Sayyid Qutb, no obstante, únicamente considerará como legítimo aquel islamismo que aplique la ley islámica en todos los aspectos de la vida, por lo que cualquier régimen, incluidos los del mundo musulmán, que no cumpla estrictamente la Sharia será considerado de infiel. Por lo tanto, introduce la idea de combatir el propio gobierno, aunque sea musulmán, con el fin de implementar en su totalidad la ley islámica. El instrumento que Qutb utilizó para teorizar acerca de la islamización mundial será, como podréis adivinar, la yihad. Una yihad generalizada y universal. Finalmente, el islamismo de Sayyid Qutb, opuesto al nacionalismo árabe de Nasser, condujo a su ejecución en 1966.

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Sayyid Qutb, encarcelado por Nasser

Otro nombre importante dentro del islamismo contemporáneo es Abû-al-Mawdûdi, nacido en 1903 en la India británica. Será el emblema del islamismo pakistaní, país que obtuvo su independencia del Reino Unido en 1947. Destaca de su pensamiento la crítica que hace a todo tipo de nacionalismo, incluido el propio “nacionalismo musulmán” que se impuso en Pakistán, y que se anteponía al Estado islámico que defendía al-Mawdûdi. Así pues, considera kufr, es decir, un elemento impío, a todos los nacionalismos. También incluye en la categoría de kufr a los ulemas, los doctores de las leyes jurídicas y religiosas musulmanas, recriminándoles el que se hubiesen avenido a un gobierno no musulmán con la llegada de los británicos al subcontinente indio en 1857. Defiende, pues, la islamización “desde arriba” donde la soberanía se ejerza en nombre de Alá, otorgándole a la yihad el cometido de combatir todos aquellos elementos que impiden la creación del Estado islámico.

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Abû-al-Mawdûdi, figura emblemática del islamismo del siglo XX

Observamos como Sayyid Qutb y Abû-al-Mawdûdi, pese a pertenecer a dos órbitas musulmanas diferentes, comparten una visión política y rupturista del Islam. El objetivo de ambos es la creación de un Estado islámico universal que reproduzca la vida de Mahoma y sus seguidores. Para ello, idealizan una yihad ofensiva que debe combatir a cualquier estado que no desarrolle fielmente la ley islámica. Bajo sus escritos, la religión se transforma en una ideología de lucha política. Al incorporar dentro de “esta” yihad a los estados con presencia musulmana, quiebran la tradición musulmana de lealtad a la imama, es decir, a la jefatura de la comunidad musulmana. Aquí radica su importancia como teóricos influyentes en el actual yihadismo, pues abren el camino para que los grupos yihadistas estén legitimados, desde un punto de vista religioso, para luchar contra su propio gobierno.
Como afirma el escritor Abdelwahab Meddel, “en la conjunción entre esta teoría [de Qutb y al-Mawdûdi] y el wahabismo, se formó el integrismo más funesto”. El integrismo que da cabida al yahidismo actual. Pero, ¿dónde se dio esta conjunción? En primer lugar, en las grandes migraciones de egipcios hacia Arabia Saudí –recordemos, feudo wahabita-, fruto del crecimiento económico petrolífero saudita. Pero será en la década de los 80, con la invasión soviética de Afganistán, donde el integrismo contemporáneo englobará las teorías islamistas que se dieron durante el siglo XX para converger en la ideología actual yihadista.
En diciembre de 1979, fuerzas armadas soviéticas cruzan la frontera afgana para auxiliar al gobierno aliado de Amín, tan sólo meses después de la Revolución iraní, bajo la cual el ayatolá Jomeini derrocó al sha Pahlevi, privando a Estados Unidos de uno de los aliados más sólidos en Oriente Medio –en un artículo más extenso, deberíamos analizar profundamente el impacto de la Revolución iraní en el mundo islámico-. En un mundo aparentemente bipolar como el de la Guerra Fría, Estados Unidos no podía permitir que la URSS hiciese entrar sus tropas en Afganistán.

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Tropas soviéticas entrando en suelo afgano bajo el acrónimo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas

Paralelamente, en el mundo islámico esta aparición de las tropas soviéticas en un territorio de amplia mayoría musulmana, es vista como una invasión al dar al-islam, el hogar del Islam. Por lo tanto, redes islámicas transnacionales situadas dentro de la corriente salafista-wahabista proclaman la yihad en Afganistán para derrocar al enemigo foráneo. Esta llamada no solo fue percibida por los muyahidines -persona que hace la yihad- afganos, sino que se extendió a yihadistas de Egipto, Argelia, Palestina, la península Arábiga y el Sudeste asiático, creándose, así, una amalgama cultural y un contexto perfectos para el desarrollo de una idea extremista del islamismo con la lucha armada como eje.
Por su parte, Estados Unidos, junto a sus aliados Arabia Saudí y Pakistán, hizo caso omiso del contenido ideológico de la movilización islámica a la que decidió armar, pues su único objetivo era el de neutralizar a su enemigo soviético. En este contexto aparece la figura de Ossama Bin Landen y su grupo Al-Qaeda. Podríamos afirmar que fueron incapaces de valorar el potencial de la “brigada internacional yihadista” que estaban creando, y que este, por supuesto, acabaría por volverse en su contra. El final de la guerra de Afganistán de 1990 con victoria muyahidín significará el retorno de muchos de los combatientes a sus países de origen y la propagación definitiva del yihadismo, deseosos de exportar la yihad a todos aquellos gobiernos impíos.

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Muyahidines en las montañas afganas

En este contexto, en Argelia, nace el Frente Islámico de Salvación, que ganará las primeras elecciones libres del país desde la independencia, en 1991, previo paso de una Guerra Civil que asolará el país durante más de una década; en Sudán, se produce un golpe de estado por parte del militar islamista Hassan al-Turabi, por lo que este país se convertirá en un inmenso refugio para los yihadistas; en Palestina, la presión de Hamas, ideológicamente cercano a Los Hermanos Musulmanes, anula la hegemonía de la OAP dentro del conflicto de la intifada; en Afganistán, los muyahidines que habían derrotado a los soviéticos se ven inmersos en una Guerra Civil, en la cual los talibanes se alzan como el grupo principal, instaurando un Emirato Islámico de influencia wahabita; por último, en la península Arábiga se produce la Guerra del Golfo, en la cual Arabia Saudí, en ver amenazado a su aliado Kuwait por la invasión de la Iraq de Saddam Hussein, se vio obligado a pedir auxilio al ejército estadounidense. En clave religiosa, Arabia Saudí perdió el consenso como centro del islam sunnita al invitar a “infieles” –el ejército americano- a la tierra santa del país árabe. Dentro de la división religiosa que se produjo, los fundamentalistas islámicos más radicales incluyeron al gobierno saudí dentro de los regímenes impíos del mundo.
La historia del yihadismo, como todos sabemos, continuará hasta nuestros días. Una yihad de la que hemos intentado explicar sus orígenes y su desarrollo ideológico, y que se ha convertido, actualmente, en uno de los asuntos internacionales de mayor trascendencia y relevancia en el mundo del siglo XXI.

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